Durante las siguientes semanas al evento de la taberna todos fueron contactados por Maximiliano de Cadis. Era un hombre de grandes recursos y quiso reunir a todo el grupo en una pequeña sala del Castillo de Ayamonte... incluido Bernal. David, asustado por si era producto de la nigromancia le impuso la estrella de David en la frente, cosa que hizo mucha gracia al bruto portugués.
Maximiliano había querido volver a reunir al grupo debido a que mostraron bastante aplomo ante la aparición de la taberna, aparte de conocer que cada uno de ellos precisaba cierto tipo de ayuda. Él les ofrecería todo el soporte aparte de un pequeño favor a la Casa Ayamonte.
Como bien descubrieron, los Ayamonte padecían de una extraña maldición. Curas y magos habían intentado determinar su origen para así hacerla desaparecer, todos habían fracasado. Aún y así él, que había tenido muchos años para dar vueltas a tal problema, creía que había dado con una pequeña pista, no era nada seguro pero era suficiente para disponer de ciertos recursos. Ellos, como nuevos vasallos del señor, serían esos recursos. Por supuesto que serían recompensados, pero primero tenían que ir al Bosque de los Encantados y descubrir si allí había algo de información de la que precisaba.
Así que a la mañana siguiente un carro con dos soldados, Chose y Manué, les llevaron hacia el pequeño pueblo que estaba en las lindes del bosque: Torviscal. David, conociendo los peligros de hacer favores para nobles cristianos traía a un guardaespaldas, Saúl, diestro en la espada, el escudo y en la ballesta.
Cuando llegaron allí ya era noche cerrada, así que se quedaron en la posada, no sin antes sentir mal fario debido a su anterior experiencia en una posada todos juntos, y allí cenaron, hablaron con los lugareños y durmieron. Corrían extrañas historias sobre el bosque, nadie se quería internar allí pues no era seguro. Aparte de los absurdos aunque insistentes rumores sobre aquelarres de brujas que secuestraban a niños... Pero cualquier hombre temeroso de Dios conocía la verdad: eran los hombres del Marqués de Osorio que deseaba el pueblo para él. Una antigua rencilla territorial entre marqueses que sufría el pueblo llano, cruel pero corriente.
A la mañana siguiente se dirigieron al bosque sin la compañía de los dos soldados pues el bosque pertenecía a las tierras del marqués de Osorio y su presencia podría desencadenar una respuesta bélica que el marqués de Ayamonte no deseaba. Se adentraron pero no por el camino, pues no se fiaban, sino por un pequeño sendero que la noche anterior Bernal y Silvinho había encontrado. Oyeron gente por el amino, y la mayoría del grupo se acercó sigilosamente. David, insistiendo en ser precavido se quedó atrás.
Lo que pasó a continuación aún está en duda exactamente, pues en un momento el grupo tenía frente suyo un grupo de hombres armados y momentos después ese grupo caía presa de una especie de lobos gigantes sedientos de sangre. El grupo huyó a toda prisa por el querer mantener sus vidas aunque fuera un rato más y por los terribles aullidos de esas bestias que parecían sacadas del mismísimo infierno.
El grupo se separó, Bernal se encontró en un gran lago, allí había un montón de niños desnudos jugando y corriendo, desconocían totalmente el mundo exterior y parecían felices de ser cuidados por las hadas. Únicamente llamaba la atención que una vez se hacían mayores entraban al servicio de la Reina del Bosque y del Lobo y no se les volvía a ver.
Silvinho se topó con unos bandidos, le quitaron todos los objetos de valor pero gracias a su labia les pudo convencer que no le dejaran en ese bosque con tan mala fama. Le ataron pero no muy fuerte para que se pudiera desatar, cuando los bandidos levantaban su campamento para abandonar esas extrañas tierras, los lobos atacaron otra vez...
El resto del grupo se encontró delante de una vieja torre medio derruida, antes de darse cuenta estaban enfrentándose a dos seres demoníacos, baphometos, que sin dudarlo un momento mataron a Saúl. El resto del grupo apoyados por la Fe de David pudo terminar con esos seres salidos del Averno. Revisaron el torreón, parecía que hace siglos había sido la morada de un mago con cierta mala fama, pues había una carta del marqués de Ayamonte de esa época que le instaba a terminar sus oscuros rituales. Cuando salieron intentaron buscar la salida, pues notaban como éste conspiraba para que se perdieran dentro.
Justo allí Silvinho estaba teniendo problemas con los lobos, huyendo los más rápido posible, internándose aún más dentro del bosque. Hasta que se perdió del todo.
Bernal no tenía mejor suerte, se perdió y llego a la falda de la montaña, dónde había cuevas con lobos dentro... así que decidió dar marcha atrás.
El grupo mayor pudo salir del bosque con la guía de David, volvió al pueblo y se recuperó de la experiencia comiendo un buen asado. Preocupados por sus dos compañeros perdidos volvieron al bosque, allí en la torre encontraron a Bernal, el cual estaba mirando si había algo de valor dentro (después de haber pasado los judíos con la mendiga, no había nada valioso), les contó que había un pueblo con niños y fueron a buscarlo.
Al llegar se encontraron el mismo panorama, sacaron la conclusión que eran los niños secuestrados del pueblo y que cuando crecían los convertían en los lobos demoníacos, lobisomes era su nombre, para defender el bosque. Quisieron poder sacar a los niños de allí engañándolos, ellos no lo deseaban, pero aunque inventaron un juego con un judío bufón por enmedio no lo consiguieron, al llegar a la linde del bosque los niños simplemente desaparecieron.
Silvinho empezaba a desesperarse pues no encontraba salida. Llegó a la base de la montaña y allí en una cueva se encontró a un soldado atado con cadenas y malherido. Siendo conocedor de artes místicas reconoció él también los monstruos como lobisomes, y el hombre como infectado por ellos. El hombre le contó que los estaban esperando pues durante la noche Chose, soldado que les trajo, se chivó a un espía del marqués de Osorio que un grupo de hombres se dirigiría al bosque por órdenes del marqués de Ayamonte. Después de unas cuantas dudas morales decidió que el único camino a seguir sería matarlo para ahorrarle la trasformación. Así que cogió su cuchillo y lo degolló rápidamente. A continuación volvió a intentar salir del bosque, encontrándose unas luces en el bosque que parecían diminutas hadas brillantes. Desesperado les pidió ayuda y vio que respondían ante su petición, así que las siguió por el bosque...


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