
Los invitados llegan a la mansión de Claudius Giovanni justo cuando el último rayo de sol se desvanece en tililantes pavesas. Se trata de un imponente y rotundo edificio con un jardín descuidado a la derecha y un cementerio a la izquierda. La casa está bien fortificada, con ua sola puerta muy sólida y unas pocas ventanas estrechas, protegidas todas por postigos interiores. Cuatro centinelas con armamento ligero que montan guardia en los parapetos se aproximan a los carruajes cuando éstos llegan
Un soldado abre la robusta puerta de roble y Roderigo conduce a los 13 invitados al interior de la mansión. Llegan a un corredor largo y estrecho, iluminado por velas dispuestas en fuertes soportes de hierro parecidas a jaulas. Las velas proporcionan una luz muy tenue, proyectando grandes y difusas sombras sobre rostros y paredes. El soldado permanece en su puesto y cierra la puerta de golpe, encerrando a Roderigo y a todos invitados en la penumbra.
A medida que los invitados avanzan en grupo por el sombrío lugar pueden ver que las paredes están preparadas con troneras para arqueros, destinadas a atrapar a los posibles atacantes en un letal fuego cruzado. Malignos rostros de gárgola adornan las paredes el corredor, dirigiendo sus burlonas miradas de piedra hacia los personajes; incluso parecen contorsionarse a la escasa luz de las velas.
Al final del largo corredor los invitados se encuentra frenta a otra sólida puerta de madera. Roderigo se detiene ante ella y golpea fuertemente. La puerta no se abre, sólo hay silencio en el aire rancio del tenebroso corredor.
Roderigo llama de nuevo, sin obtener respuesta, mira a los invitados con una sonrisa intranquila.
- Algun problema? - Pregunta Eneas, un poco nervioso por toda la seguridad y tenebrismo que rodea la mansión.
- Nada, nada, estad tranquilos...
Unos cuantos minutos después, la puerta chirría al abrirla un soldado acompañado por Lothar. Los dos hombres se encuentran en un gran recibidor, iluminado de la misma forma y amueblado con piezas extrañamente delicadas, a la última moda veneciana.
Lothar observa a Roderigo y, sin una palabra de saludo, dice torvamente: ‘Llegáis pronto.’ Roderigo se quita el sombrero y responde: ‘Mil perdones Mayordomo Lothar’. Lothar le golpea cruelmente en la cara con una fusta, haciendo que mane la sangre que el cochero se limpia del rostro. Poniendo la fusta en su abrbilla dice: ‘No olvides la fuente de esa sangre’ dice con brusquedad.
‘Entrad’ dice Lothar, haciendo un gesto hacia Roderigo y los invitados. Una vez entran éstos en la habitación, Lothar detiene al cochero ‘Como castigo no tomarás parte en el festín de esta noche. No comerás más que las sobras. Ahora vete.’, ordena el mayordomo señalando la puerta con su fusta manchada de sangre. Roderigo se da la vuelta y comienza a recorrer de nuevo el pasillo y el soldado cierra y atranca la puerta interior.
Lothar contempla la marcha de Roderigo por un instante y después se vuelve hacia los invitados, diciendo: ‘Bienvenidos a la mansión Giovanni. He de terminar algunos preparativos. Esperad aquí’. Tras eso sale de la estancia, dejando a los trece invitados en compañía del soldado.
Los invitados miran la estancia, están encerrados con un soldado. La situación cada vez es más extraña e inquietante, son invitados o prisioneros?
Lothar regresa cinco minutos más tarde, luciendo una ancha sonrisa: ‘Venid conmigo, Os presentaré a vuestros anfitriones’. El mayordomo guía a los personajes a través de la casa. Éstos pueden oír música a medida que atraviesan diversas estancias cada vez más elegantemente amuebladas y custiodadas por soldados.
Lothar abre dos adornadas puertas que conducen a una gran sala de banquetes, también tenuemente iluminada por unas cuantas velas protegidas. En el interior trece personas se sientan en torno a una gran mesas, con una silla vacía junto a cada una de ellas. Son un extraño conjunto de hombres y mujeres: bien vestidos unos y desaliñados otros, unos muy atractivos y otros estremecedoramente feos, algunos con aspecto local y otros obviamente extranjeros. Un hombre bajo y panzudo, ricamente vestido se sienta en la cabecera de la mesa. Hay cinco sirvientes, dos despenseros y tres doncellas que permanecen inmóviles junto a la pared mas alejada.
Lothar se descubre y hace una gran reverencia a los anfitriones diciendo: ‘Señor Giovanni, señores, damas, os presento con profundo orgullo el fruto de mi larga búsqueda. ¡He aquí los trece de los más puros ejemplares de estas tierras!’
El hombre de la cabecera de la mesa se levanta: ‘Queridos amigos, soy Claudius Giovanni. ¡Bienvenidos a a la bella casa Giovanni! Sois mis invitados y mientras estéis aquí mi casa es vuestra. ¡Venid, venid y uníos a vosotros!”
Los sirvientes ofrecen copas de vino a todos los invitados. Giovanni continua hablando y presenta al resto de gente de la mesa:
- Claudius Giovanni: Hombre robusto y de corta estatura, con ropas elegantemente cortadas y un colgante en forma de calavera.
- Marchettus el misterioso: Un hombre alto y fuerte, de hombros anchos y poblada barba roja, lleva una vieja pero bien cuidada túnica blanca.
- Lady Dimitra: Mujer alta y fibrosa, vestida con una capa de viaje y calzones de hombre.
- Lady Theophana: Alta y esbelta niña/mujer, de unos 16 años, con un cabello rubio que le llega a la cintura y un vestido de seda sucio y desgarrado. Lleva adornos de flores marchitas en el pelo.
- Matrona Violetta: Mujer de aspecto repulsivo, parcialmente oculta bajo una gruesa capa gris con capucha de leproso y una máscara que le cubre parte del rostros, con agujeros para los ojos y una hedionda mancha de humedad a la altura de la boca. Puede verse costras de lepra en torno a sus ojos.
- Sire Wenceslas: Anciano de rostro severo vestido con una túnica de púrpura real, polainas y un sombrero con plumas. Luce elegantes y caras joyas.
- Lord Casmir: Hombre de aspecto solemne, con una larga barba blanca y vestido con una túnica negra con realces plateados.
- Lady Jadviga Almanov: Mujer de complexión robusta de cabello rojo oscuro y un vestido completamente negro.
- Leopold Valdemar: Un hombre calvo y de mediana edad, ataviado con brocados de terciopelo típicos de un prospero mercader.
- Lord Mieczyslav: Apuesto joven vestido con un sencillo hábito negro de monje con una sobrepelliz blanca.
- Bajazet Al-Nasir: Hombre de piel morena y rasgos cincelados y angulosos, luce elegantes ropas turas de seda.
- Lady Amisa: Mujer moerna vestida con sedas de diseño extranjero y un elaborado adorno de oro en la cabeza.
- Gabrin: Joven de baja estatura vestido como un gitano, con montones de brillantes joyas de oro, polainas y una túnica vulgar.
Giovanni termina de hablar: ‘Deberíamos conocernos mejor. La conversación es como el buen vino: abre el apetito. Charlemos mientras esperamos el momento de la cena’
A cada invitado se le acerca una de las extrañas personas que están en la mesa. El primero en llegar es Marchettus que parece interesado en Luca, empezó a preguntarle sobre la moral, la razón y el peso que tienen los sentimientos sobre las decisiones de la gente. El segundo fue Lord Casmir, hacercándose a Eneas hablándole de la voluntad, la última verdad, aclarándole lo que es la senda de la mano izquierda y preguntando sobre dónde cree él que está el poder verdadero si exterior a él o dentro de él y finalmente demostró parte de su poder manipulando el cuerpo del jóven bachiller. Finalmente Lord Mieczyslav preguntó a Nicoleta sobre la manera de tratar a sus enemigos, a lo que ella respondió de una manera cruel que agradó al noble transilvano.
Seguidamente cada pareja se fue para continuar con su 'charla', Marchettus se lleva a Luca a unahabitaicón al lado de las cocinas, allí le muestra un dilema: un padre y un hijo han sido envenenados por error y él tiene una dosis de la cura, qué se tiene que hacer? Luca muestra su frialdad y lógica diciendo que se tendría que salvar al niño, pero aún y así que a él no le afecta. Esta respuesta no decepciona, Marchettus da con la respuesta del dilema: el antídoto tiene que guardarse para un aliado y, ante los atónitos ojos de Luce, manda a un guardia matar a los dos inocentes. Lord Casmir lleva a dar una vuelta a Eneas, mostrándole que las pretensiones de todos los otros participantes a la cena son vanas y vacías: el poder terrenal, la riqueza, la caza, el ser amado o odiado... son solo partes de una verdad más profunda, un poder definitivo y va a mostrárselo. Lo lleva a una ventana abierta y le dice que salte, él lo salvará usando su poder cosa que hace dudar a Eneas, realmente tiene ese poder? Cuando está en la ventana apunto de saltar llega un sirviente y anuncia que la cena está preparada. Por otro lado Lord Mieczyslav lleva a Nicoleta a las mazmorras, allí hay un hombre encadenado y anuncia que es un espia de sus enemigos, qué le haría ella? Nicoleta con sus amplios conocimientos de medicina sorprende al noble con todo de técnicas, pero cuando le pide que las aplique ella no accede alegando que no son sus enemigos. Finalmente ella tortura al hombre, aunque no sabe muy bien cómo ha sido convencida... Antes que el hombre se muera por las heridas llega un sirviente y anuncia que la cena está servida.
La mesa en el oscuro comedor está servida con una cara y lujosa vajilla digna de un príncipe. La sala zumba de excitación. Los anfitriones están muy animados y charlan alegremente entre ellos. Lothar se afana a través de la estancia comprobando ostentosamente el servicio y asegurándose de que todo está en orden.
Cuando todos los anfitriones e invitados están reunidos los músicos tocan el tema de Claudius Giovanni, tomando asiento a la cabecera de la mesa en compañía de Marianna, la joven invitada, la cual parece como hipnotizada por la presencia de Claudius.
Los anfitriones toman asiento, cada uno junto con un invitado, hay algún invitado ya en su asiento, despertando de un extraño sopor. Lothar hace pasar a tres criados que empujan enormes y humeantes carritos cargados con platos de aroma delicioso: pato asado, lechón, cuartos de buey y piernas de cordero producen un suculento olor que llena la estancia.
Jadviga se levanta y exclama por encima de las voces de los demás asistentes: ‘Un brindis! Un brindis por el brillante anfitrión que nos ha reunido para tan deliciosa velada! Un brindis por el líder que ha sabido darle sabor a nuestra cena. Un brindis por quien es lo bastante inteligente para atacar a su propia sangre en nuestro beneficio! Por Claudius Giovanni, y por la destrucción de Japheth, hijo de Cappadocius!’ Un gran clamor se alza entre los asistentes. “!Que hable!” Gritan.
Claudius se levanta y pide silencio. Lo alegre concurrencia tarda un poco en callar. pero finalmente se apagan las voces.
-Bienvenidos, bienvenidos, amigos mios, comienza. "Otro año ha pasado, y la Conspiración de Isaac está a puntO de llegar a al victoria. Vuestra inquebrantable devoción a la causa nos ha llevado a la oporlunidad de hacernos con el poder y la riqueza de los Capadocios! Estoy impresionado, y esu noche trataré de recompensar tanta fidelidad ... lo que nos lleva a nuestros invitados.
Hace un gesto en dirección a los invitados "Bienvenidos, vosotros que sois nuevos en nuestras filas. Hablemos de sustento. Hablemos de la extracción de la vida que nos alimenta".
"El aroma de la buena eomida excita y realza el paladar, y hace que consumirla sea todavia mas gratificante. ¿Podéis olerla? ¿No hace la creciente anticipación que la comida sea más y más apetecible? He ahi la diferencia entre el patán campesino que devora su mendrugo como una bestia y el refinado paladar que requiere una comida tan exquisita, la anticipación. Las circunstancias de la comida son tan importantes como la comida misma. La consunción es un acto sagrado, y cada gota debería ser memorable"
"Sólo deberá elegirse la mejor comida. Debe ser atendida. Preparada. El consumidor ha de lener una relación con Su comida. Entonces, cuando muerdes un pedazo de came, vale toda la sangre que derramas. ¿No están de acuerdo nuestros invitados?"
El señor Giovanni dirige una mirada a la cocina, y Lothar da entrada a dos sirvientes que tiran de un gran y ruidosa oveja con Una correa de seda. La oveja tira tozudamente en dirección contraria. -Tiene espíritu-, dice el anfitrión. -"Qué distinta de su raza... Bien, invitados, aquí está vuestra cena". Claudius coge una gran hacha entregada por uno
de los criados y se la ofrece a los invitados "¿Quién de vosotros tendrá el honor de lo matanza? Venid, venid... Acaso queríais una cena templada y sin sangre? ¡Comer es destrucción, comer es muerte y la muerte es sagrada, como nuestro Salvador nos rrecuerda! ¡Venid!".
Luca coge el hacha y desconfiando lanza un golpe a la oveja, el golpe no es mortal con lo que el animal agonizando logra soltarse y empapar de sangre a Nicoleta y a Eneas. Da otro golpe y la oveja finalmente está muerta. Claudius pone un cáliz bajo la garganta de la oveja hasta que se llena del todo, va pasando el cáliz de invitado a invitando incitándoles a beber. Algunos vomitan la sangre, pero todos terminan bebiendo menos Eneas. "Ahora sois uno con vuestra presa! Esta conxión lo es todo! La relación entre cazador y presa crea el sabor! El lazo entre la vida y la muerte crea el sabor!" - Pone la mano sobre el hombro de Luca y con un rápido movimiento sus uñas abren la piel del cuello y la sangre comienza a salir - "Y ahora estoy hambriento".
"Ha llegado ya el momento de que os revelemos,invitados, nuestro secreto. Vosotros sois nuestros corderos" - Claudius empieza a hablar del sabor: mucho terror le da un toque demasiado ácido y provocar un sumiso estupor causa que se pierda el sabor, se tiene que conseguir que la presa vaya sintiendo poco a poco el terror hasta estar derrotado, así hay un ligero sabor que hace la sangre más sabrosa. Con una orden Marianna deja caer su vestido de seda y se estira encima la mesa, Claudius le hace un corte en la garganta y le coloca un collar con un pequeño grifo, del que empieza a manar la sangre.- " Además hay que esperar a sentir apetito, pero sin que el ansia famélica llegue a embargarte. Comer con el estómago lleno embota la mente y los sentidos. El comedor debe de estar preparado y el comido también." Bebe un trago de la sangre de Marianna y los otros empiezan a brindar y decir: "Ahora es nuestro turno!" y "Basta ya de anticipación!"
Claudius los hace esperar, hace una seña a unos guardias y a la sala entra Paul, el soldado. Es hora de ver si eres un campesino que se cayó encima de la horca o un noble cruzado y le ordena que haga la misma operación con Eneas. Paul, siendo un buen hombre, se niega totalmente al ser contrario a Dios. Marchettus se levanta y de un puñetazo lo deja al suelo, con la cara desfigurada sangrando.
Ahora si que todos empiezan a beber, van catando las diferentes sangres, hablan demasiado alto, se bambolean como borrachos y hasta los más callados se vuelven abiertos, como embriagados por el sabor de sangre. Eneas se resiste pero Lord Casmir aplasta su voluntad, Luca y Nicoleta viendo que su destino es inevitable se dejan hacer, con una rabiosa sumisión.
Cada vez se siente más débiles, empiezan a enfriarse sus extremidades y la mente se les va adormeciendo. De repente se oye un fuerte golpe, luego las campanas de alarma. Un soldado entra corriendo a la estancia "Mi señor, las tropas de Hardestadt, nos superan en número!"
Los extraños bebedores de sangre se asustan y empiezan a discutir hechándose las culpas entre ellos hasta que Claudius Giovanni dice de huir... pero antes convertir a los invitados para frenar a los llamados Fundadores, pues al ser unos fanáticos los exterminarán y no sobrevivirán. Rápidamente todos dan su sangre a sus víctimas y empiezan a notar como su cuerpo empieza a revivir. El único que duda es Marchettus pero Claudius le dice algo a la oreja y le da su sangre a Luca mientras le dice: "Espero que no sobrevivas". Finalmente el grupo de conspiradores huye por la cocina y un sirviente prende fuego allí, evitando que se els pueda seguir.
A los pocos minutos un grupo de hombres armados irrumple en la sala: están liderados por un hombre alto y muy fuerte que ordena que no se tenga compasión con nadie, pero que dejen a alguien con vida para interrogar. Llama la atención el segundo al mando: es Roderigo, el sirviente de Claudius Giovanni. Eneas por una compulsión de Lord Casmir coge la hacha que usaron para matar el cordero y se encara con dos soldados los cuales fácilmente lo desarman y lo atraviesan. Cuando parecía que iba a ser destruido Roderigo los para, sus tratos con él le habían demostrado que era un buen hombre, así como Luca y Nicoleta que se habían rendido.
El combate termina pronto, todos los invitados menos estos tres han sido muertos. El líder se presenta como Hardestadt, les indica que son prisioneros suyos y espera que colaboren si valoran su no-vida...

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